La última estrella

Mi primera estrella llegó cuando mis hermanos y yo éramos apenas unos niños, mis padres habían recurrido a un viejo sabio para que nos la bajara del cielo “siempre déjales a tus amores tus mejores estrellas” solía decir, y mis padres así lo hicieron.

La hermosa estrella dorada nos cuidó a todos, pero debo decir que después de un tiempo, ella y yo tuvimos un vínculo muy especial. Cada noche brillaba para mi y cada noche me asomaba por la ventana para verla, no se por que nunca me atreví a acercarme más, supongo que soy tímido y cobarde.

Después, pasó lo peor, nuestra querida estrella, mi protectora, comenzó a tornarse roja hasta que finalmente ,una noche, se apagó. La despedí entre llantos y tabaco, dejaba de ser un niño, pero no dejaba ni dejaría nunca de amarla. Compañera inmortal, desde momento su luz carmesí marcó mi piel para siempre.

El tiempo pasó, una nueva estrella llegaría “Es el momento” dijo mi madre y con todo su poder, con toda su magia dejó que mi hermana escogiera a la estrella más hermosa que había en el cielo, su luz era cálida, como la de un medio día en la playa acariciando lentamente la piel.

De nuevo tuve la fortuna de tener un lazo estrecho, pero esta vez no me conformaría con ser un espectador… Fue la mejor decisión de mi vida, mi estrella me llevaría a un lugar que casi nadie en conoce, me llevaría a sentirme vivo, un segundo, dos segundos, no importa, tomaría esa única bocanada de existencia pura. Aun es el último granito de luz en mis más terribles obscuridades.

Entre el pulsar y el cuásar mi estrella se extinguió… Todo fue tan rápido, su luz se rompió entre mis manos, ni una sola de mis lágrimas podría volverla a unir, desde ese momento se volvió en mi cicatriz más hermosa y cuando la necesito, me comienza a doler, así es la vida, duele cuando necesitamos despertar a ella.

Una curiosa tarde una pequeña, muy pequeña y peculiar estrella bajaría a saludarnos, definitivamente no era como las otras, su rayos tintineantes aun se pasean juguetones entre los cuartos de la casa de mis padres. Esa estrella, es de mi madre, podría decirse que se la cedí, ya que brilló por mi en uno de los peores momentos, en una de esas etapas en las que respirar es lamentarse, ella estuvo ahí.

Cuando estuve listo para volverme a poner en pie, me miró desde el cielo, profundamente, desde lo más alto de la galaxia, no pude más que agradecerle y decirle “ve con mamá, ahora ella te necesita” No ha pasado una sola noche sin que su luz la cuide… Le doy gracias eternas por eso.

El cielo acumuló más años, ya no podía contarme como uno, ahora éramos dos, estos dos nos encontramos con una pequeña estrella junto a la cascada, recuerdo que todo su brillo cabía en mi mano, era frágil, contrastaba con la fuerza del agua que podía romper las piedras o con la solemnidad de la montaña que nos contemplaba “si no la toman, seguro alguien más lo hará” nos dijo un voz lejana. En ese momento nos pareció lo mejor dejarla ir, así que lo hicimos, su imagen se perdió entre las nubes y el vapor de la noche.

Después, el mar nos llamó a su lado, así mismo, también llamó a la tormenta. En medio del ojo del huracán y la lluvia nos besábamos, no perdíamos la esperanza de que saliera el sol, pero estos cuentos son de noche y el sol celoso, pese a ser una estrella, salió hasta mucho después.

En medio de esa tormenta apareció una estrella, de ella emanaba una luz aguda y fuerte, del tipo que solo los años dan, esta era así, astuta compañera, estrella feroz que nos cuidaba de las sombras que duermen en las tinieblas. El mar no quería que lo visitáramos a él, quería presumirnos a su guardiana, un poco para que lo envidiáramos, otro poco para darnos una lección, “La edad da paciencia y los complejos no son nada, nada comparados con la tormenta, comparados con lo torrencial que puede a llegar a ser el amor” Y así, aunque era su estrella, la noche que nos fuimos, la vimos despedirse de nosotros con un brillo que el océano jamás tocó.

La siguiente estrella probablemente sea una de las más especiales que las palabras jamás logren encontrar, tampoco es mía, es de ella, pero los tres juntos fuimos más que infinito, fuimos la galaxia, fuimos el sistema ( 🙂 ) completo. Llego en una noche lluviosa, entre copas, comida y buenos amigos logró filtrarse hasta donde estábamos. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, su luz era negra… Si, una estrella negra, la más fea que podría imaginarme… O estúpidamente eso pensé.

Al principio se nos perdía en el cielo, era terriblemente tedioso buscarle en las profundidades de la madrugada ¡Dios! ¿Quién brilla negro? Pero con el tiempo, esa estrella nos enseñó que la luz siempre es blanca, lo que fallan son los ojos.

El tiempo pasó y dos volvimos a ser uno, uno y uno que ya no suman dos, pero me encomendé a la estrella prestada por algún tiempo… El más difícil de mi vida, pero no estaba solo, esa esencia que alguna vez percibí negra, esa belleza que alguna vez, estúpidamente, percibí nula, brillaron por mi como ninguna otra, su compañía en mis largas noches de dolor, su cariño en mi desolación fueron un regalo que jamás podré pagar.

La última noche que la vi, la estrella negra brilló hermosa aun después del amanecer, me regaló horas y horas de jubilo, hasta que finalmente, con su último hilo de luz me dijo “es hora, ya no hay más tiempo, pero, aquí estaré cuidando todo lo que alguna vez más quisiste, confía en mi” Se desvaneció en la mañana…Me fui…Siempre confiaré en ella.

Entre las duras rocas de la montaña encontré una estrella, o mejor dicho, ella me encontró a mi, era una estrella anciana y como anciana que era, me saludó como si lleváramos toda la vida de conocernos, me acompañó durante 4 años luz, pero, me di cuenta que si seguíamos juntos, mi pesada carga terminaría pronto con su menguante vida, así que la dejé atrás, le di las gracias y seguí mi marcha a la órbita más lejana de la galaxia. Su luz era hermosa, pero no era para mi… Supongo que los corazones viejos se llaman, se encuentran, pero hay corazones más rotos que otros y a veces hay que romperlos un poco más.

¿Será esa mi última estrella, aquella que me acompañó durante un instante a la infinita soledad? No lo se… Tener una, es volver a amar.

Las estrellas son curiosas, nunca sabes por cuanto tiempo van a vivir, pero sabes que su resplandor te va a acompañar siempre, aun cuando no las mires, aun cuando no les hables, van a estar ahí, yo lo se, mis dos estrellas siempre me cuidan aunque ya no brillen más. “siempre déjales a tus amores tus mejores estrellas” Si me prometes cuidarlas, te dejo las mías a ti, para que te acompañen, para que tengas tres… Para que no olvides ser fuerte.

En verdad quisiera que tuviéramos más tiempo que vida, pero nuestra vida es el único tiempo que tendremos… Por eso hay que intentar brillar como estrellas. Algunos refulgiendo eternamente, otros, somos estrellas fugaces, pero al fin y al cavo siempre estrellas.

2 Comments Add yours

  1. mbrazfieldm says:

    Que preciosa cuenta. Me emcanta el uso del realismo majico. Bravo y obrigado!

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    1. lynyo says:

      Gracias!! muito obrigado!!

      Liked by 1 person

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